“Esta crisis empujará hacia arriba la categoría de los cuidadores: no pueden seguir estando mal pagados”, dice el sociólogo Alain Touraine, en un reportaje al diario español El País. Fatsa lo viene subrayando hace varios años: debido a los cambios demográficos millones de empleos se crearán en este sector. Y esos empleos no deben ni pueden ser precarios. Los trabajadores del cuidado domiciliario tienen que tener derecho a sindicalizarse y a participar de la negociación colectiva: en suma, son trabajadores de la salud y tienen derecho a tener condiciones de vida dignas.” Carlos West Ocampo

La cuarentena provocada por la pandemia ha generado fenómenos tales como el regreso de peces y cisnes a los canales de Venecia, la invasión de monos enfurecidos en algunas ciudades de Tailandia, la presencia de ciervos en las calles de Japón, de zorros en las calles de Londres .

Mucho menos bucólico, pero también tangible, ha sido el súbito (y tal vez en muchos casos, aparente) reconocimiento por parte de la sociedad de trabajadoras y trabajadores normalmente invisibles, pero esenciales, como son los que proporcionan cuidados domiciliarios, y otras tareas, como las personas encargadas de limpieza y seguridad en hospitales, calles, grandes establecimientos y ni hablar de todo el personal sanitario, desde médicos y enfermeras, hasta técnicos, camilleros, laboratoristas. Estas tareas no agotan en absoluto la lista de trabajadores y trabajadoras mal pagos, que gozan de poca consideración social y están, por lo general, precarizados. Hoy, estos trabajadores invisibles son aplaudidos desde nuestros balcones y ventanas, mientras mantienen en movimiento a un mundo paralizado por el coronavirus.

Hablemos en particular de los cuidados domiciliarios. Tomando en cuenta los cambios demográficos y la creciente cronicidad de muchas afecciones, el trabajo de cuidados resulta cada vez más indispensable. En 2015, 2.100 millones de personas, tanto jóvenes como mayores, necesitaron cuidados. De aquí a 2030 se prevé que el número de beneficiarios de cuidados aumentará en 200 millones.

En el escenario de la pandemia producida por el COVID19, los cuidados domiciliarios, mayormente desempeñados por mujeres, resultan esenciales en un momento en el que personas ancianas o con problemas de movilidad no pueden salir de sus hogares.

Antes de la llegada de la pandemia, la Organización Internacional del Trabajo ya afirmaba que, si no se afrontan de manera adecuada, los déficits actuales en la prestación de servicios de cuidado y su calidad crearán una grave e insostenible crisis del cuidado a nivel mundial y aumentarán más aún la desigualdad de género en el trabajo.

La disponibilidad y la calidad de los servicios de cuidado depende de una fuerza laboral formada adecuadamente, que disfrute de condiciones de trabajo decentes y salarios acordes a sus aptitudes y competencias. Sin embargo, el trabajo de cuidados está sistemáticamente infravalorado y mal remunerado. Los trabajadores del sector de cuidados – cuya mayoría son mujeres, pero no exclusivamente– muy a menudo experimentan discriminación, inseguridad laboral, en particular contratos de cero horas, salarios bajos, malas condiciones laborales y violencia y acoso en el trabajo. Muchas de ellas se ven obligadas a tener varios empleos para subsistir. Las medidas de ajuste, la desinversión pública y la externalización aceleran la precarización de las condiciones y la informalidad de los trabajadores del sector de cuidados, en particular del número creciente de trabajadores del hogar y trabajadores que prestan servicios de cuidado a domicilio.

La inversión en los cuidados como bien público, combinada con el respeto a escala mundial de los derechos de los trabajadores a la representación sindical, la negociación colectiva y un salario mínimo digno, puede invertir las tendencias actuales y evitar una crisis a nivel mundial.

No puede soslayarse el hecho de que se trata de una fuerza de trabajo difícil de organizar, fundamentalmente por sus condiciones de aislamiento. Sin embargo, en varios lugares del mundo existen experiencias exitosas de sindicalización que han mejorado las condiciones de vida de los y las trabajadoras del cuidado. Se impuso en muchos casos un cambio en las estrategias de sindicalización y un gran esfuerzo de las organizaciones para buscar pacientemente a cada trabajador fuera del propio escenario de trabajo, para lograr construir una agenda común. En el caso de FATSA, se incluyó a este grupo de trabajadores en el convenio colectivo, dándoles un paraguas contractual que existe en pocos lugares del mundo y que fue destacado por la propia OIT en un documento clave que analiza la situación del sector a nivel global. En estos esfuerzos, es también esencial el apoyo de un Estado presente, que estimule la organización de sectores vulnerables y desprotegidos, y los empodere.

Durante esta inédita crisis que estamos experimentando, los trabajadores y las trabajadoras del cuidado son considerados como servicios esenciales. Pero como dice el sindicato de la central sindical española Comisiones Obreras “Trabajadoras a Domicilio, más importantes que nunca, tan olvidadas como siempre”. El sindicato “quiere resaltar la labor de este colectivo que está abordando la crisis del COVID-19 con gran entereza, pero sin la protección adecuada. Aunque las empresas mantienen protocolos de seguridad específicos frente al virus existe sin embargo una carencia de los EPP necesarios en la mayoría de los casos. Esta situación ha llevado a que muchos usuarios prescindan de los servicios por miedo al contagio”. La Secretaria General de UNI Sindicato Global (entidad sindical mundial que agrupa a más de 20 millones de trabajadores en la economía de los servicios y el conocimiento), se ha dirigido a la Organización Mundial de la Salud solicitando que actualice sus Orientaciones Técnicas Provisionales para dejar en claro que los trabajadores de atención domiciliaria deben incluirse como trabajadores de la salud a los efectos de los EPP.

"Estos trabajadores brindan atención a una población que es vulnerable al virus (ancianos, enfermos crónicos y discapacitados) pero a menudo no se les otorga la condición de trabajadores esenciales de la salud", expresó Christy Hoffman en su carta. “Ahora también están apoyando a los pacientes que son dados de alta del hospital para liberar espacio para casos urgentes de COVID-19. Estos trabajadores no solo corren el riesgo de contraer la enfermedad, ya que las personas pueden contagiar aun sin tener síntomas, y también los síntomas pueden confundirse con otras enfermedades. Sin la protección adecuada pueden convertirse en vectores de transmisión a otras personas.”

En la carta enviada al Director General de la OMS, Doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, Hoffman hizo sugerencias para actualizar o desarrollar nuevas pautas específicas para los trabajadores de atención domiciliaria, entre ellas:

Equipos de protección personal obligatorio y suficiente para los trabajadores de atención domiciliaria.
Los trabajadores de atención domiciliaria deben recibir máscaras, batas y guantes, así como      desinfectantes, equipos estériles y otros EPP para todas las visitas a sus pacientes.

Capacitación para trabajadores de atención domiciliaria sobre COVID-19 e información regular.
La capacitación relacionada con COVID-19 es esencial para   mantenerlos seguros a ellos y a la comunidad. La información también debe ser actualizada constantemente a medida que aprendemos y comprendemos más sobre la transmisión de COVID-19.

La pandemia desatada por el Coronavirus no hizo más que visibilizar las más que precarias condiciones de trabajo de quienes hoy son fundamentales para sostener la vida colectiva. El tremendo rastro que dejará sobre nuestras sociedades y economías no debe de hacernos olvidar a estas mujeres y hombres que, siendo imprescindibles, son constantemente invisibilizados.

Cuidar a los que cuidan: esta frase, tantas veces enunciada por nuestra Federación, es hoy más actual que nunca. Un sistema sanitario que no cuida a quienes están exponiéndose para ayudar a sus semejantes es un sistema que no funciona. Y hoy, cuando miles de personas acuden cada día a cuidar a quienes no pueden, por distintas circunstancias, salir de sus casas, es una frase que debe sonar más fuerte. Cuidar y visibilizar a los cuidadores domiciliarios: un ejército invisible e indispensable.”

Miguel Angel Zubieta.