Algunos creen que soy diputado de la provincia de Buenos Aires. La realidad es otra: estudio Abogacía, trabajo por la prevención de las adicciones y, desde mi lugar, llevo un mensaje de fe y esperanza a quienes todavía luchan por salir adelante. Soy un vecino que cree que transformar la realidad empieza por comprometerse con ella.
No descarto que algún día me toque ocupar una banca en la Casa del Pueblo. Pero, si sucede, quiero que sea por la confianza de la gente, por las ideas y por el trabajo, nunca por comprar voluntades ni fabricar apoyos. Una banca se puede conquistar con votos; la dignidad de representar al pueblo se conquista con hechos.
La Argentina ya conoce demasiadas páginas de desencuentros. Desde las luchas entre unitarios y federales hasta las profundas divisiones que atravesaron nuestra historia, aprendimos que cuando el adversario se convierte en enemigo, el país entero termina pagando las consecuencias. Hoy, en medio de las transformaciones económicas y sociales que vive nuestro país, la pregunta sigue siendo la misma: ¿quién escucha al argentino que trabaja y no llega a fin de mes, al jubilado que hace cuentas para comprar sus medicamentos, al joven que busca una oportunidad y a la familia que necesita volver a creer?
No alcanza con discutir números si detrás de ellos dejamos de ver personas. Necesitamos cuidar a nuestras pymes nacionales, defender a docentes, médicos, psicólogos, acompañantes terapéuticos y trabajadores sociales. Necesitamos prevención de las adicciones, salud mental, educación y políticas públicas que permitan vivir con dignidad. Cambian los gobiernos, cambian las ideas económicas, pero hay una obligación que no puede cambiar: ningún proyecto de país debería construirse a costa de la dignidad de su pueblo.
Si un diputado percibe millones mientras miles de familias luchan por llegar a fin de mes, su responsabilidad no es solamente justificar su sueldo: es demostrar con su trabajo que esa representación tiene sentido. Porque el problema no es cuánto gana quien ocupa una banca, sino cuánto hace por quienes le confiaron su voz.
Desde Unidos por la Transformación, creemos que la Argentina no necesita más odio ni dirigentes que vivan enfrentando a los argentinos. Necesita honestidad, preparación, sensibilidad humana y la capacidad de construir acuerdos sin abandonar las convicciones. No se trata de ser de un lado o del otro: se trata de no olvidar para quién se gobierna.
No escribo estas palabras para anunciar una candidatura. Las escribo porque creo que la política debe volver a ser una herramienta para mejorar la vida de las personas. Y porque llevar un mensaje de fe y esperanza también significa recordar que nadie debería quedar abandonado cuando más necesita una mano.
Señores diputados: no se olviden de a quién representan. Detrás de cada voto hay una historia, una familia, un sueño y una esperanza que merece respeto.
Que nunca pese más el interés personal que el bienestar colectivo. Que nunca valga más una campaña que una vida. Y que nunca tengamos que elegir entre comer, estudiar, curarnos o vivir con dignidad.
Porque una Nación no se hace grande cuando unos pocos llegan más alto, sino cuando nadie queda condenado a quedarse atrás.
La política debe estar al servicio del pueblo, no el pueblo al servicio de la política.
🇦🇷 UNIDOS POR LA TRANSFORMACIÓN. Más amor, menos odio. Más compromiso, menos indiferencia. Primero la gente. Siempre la gente.
